COWORKING, ¿DE QUÉ HABLAMOS?


Los cimientos del mundo laboral se vieron fuertemente sacudidos en los últimos años con la entrada de una nueva generación, los a veces venerados y a veces defenestrados millenials (nacidos después de 1980). 
Criados en un mundo relativamente cómodo y sin grandes problemas globales de vida o muerte (es decir, no vivieron guerras mundiales ni crecieron a la sombra de un apocalípsis nuclear), no estaban dispuestos a aceptar con naturalidad las pesadas estructuras heredadas de sus predecesores. 
Ergo, la idea de conseguir un trabajo cualquiera que garantizase una vida de relativa comodidad para ellos y la obligada familia a formar, y aferrarse a él por cuarenta años hasta jubilarse, se transformó en una película que podían mirar con cierto cariño, pero que casi con seguridad no querían protagonizar. 
Siempre hablando, desde ya, del mundo occidental promedio cuyo ideal aspiracional de una u otra manera se va filtrando en todos los países que compartimos ciertos esquemas culturales, adaptándose al entorno de cada uno, porque obviamente la inmediata necesidad de un veinteañero promedio de Resistencia no es igual a la de uno de Calgary, Canadá. 
En fin, esta necesidad de “algo más” por parte de los millenials a la hora de empezar a transitar por la vida adulta llegó de la mano del desarrollo de nuevas tecnologías que facilitan la comunicación entre personas y el traspaso de información, lo cual a su vez provocó el nacimiento de nuevas profesiones, especializaciones u oficios que le imprimieron una nueva dinámica a las relaciones entre quienes necesitan un producto o servicio y quienes son capaces de proveerlos. 
Con los conceptos de trabajo y relación de dependencia desdibujados por las mismas dinámicas de la economía, y las ganas de “algo más”, se formó la combinación perfecta para que los millenials puedan traducir todo eso en oportunidades. 
El “trabajo”, para esta generación, ya no es un regalo cósmico otorgado por una entidad superior a través de un contrato vitalicio. El “trabajo” es lo que uno es capaz de construir y hacer crecer aprovechando los recursos que tiene o puede conseguir. 
El “trabajador”, ahora, es el “emprendedor”. 
O debería. 
La materialización de sus aspiraciones depende de ello. Y perdonen la cachetada (quienes la sientan).


La obsolescencia de la oficina 
Toda esa dinámica también terminó influyendo en los espacios de trabajo. 
Si hasta hace apenas un par de décadas una oficina normal incluía secretaria, computadoras tamaño
frigobar, máquinas de escribir, FAX, teléfonos fijos, archiveros, agendas y un gran etcétera, hoy casi
todo eso puede reemplazarse por un smartphone de gama baja. 
Gran parte de las nuevas profesiones, oficios y especializaciones independientes que ganaron
protagonismo este siglo, pero también muchas de las anteriores que se adaptaron a las nuevas
necesidades del mercado, pueden desarrollarse sin jamás haber estado físicamente frente a un
cliente. 
Eso volvió a la oficina no sólo innecesaria, sino también inviable económicamente, quitando
competitividad al emprendedor. 
Después de todo, tener una oficina propia suma gastos que de una u otra manera se terminan
trasladando al presupuesto que se presenta a un cliente. 

Y donde ve una necesidad, el mercado siempre termina creando un producto o servicio que la
satisfaga: voilá, llegaron los espacios de coworking.

¿Coworking? 
Para darle formalidad al tema, vayamos al concepto “oficial” que podemos encontrar en Wikipedia,
la fuente de la sabiduría millenial. 
Allí se define al coworking como “una forma de trabajo que permite a profesionales independientes,
emprendedores, y pymes de diferentes sectores, compartir un mismo espacio de trabajo, tanto físico
como virtual, para desarrollar sus proyectos profesionales de manera independiente, a la vez que
fomentan proyectos conjuntos”. 
No está mal (bueno, después de todo es Wikipedia). Permite darnos una aproximación formal al
coworking que obviamente vamos a desestructurar. 
Los espacios de coworking brindan a los profesionales independientes toda la infraestructura básica
necesaria para llevar adelante sus tareas. Un techo, el piso, y todo lo que hay en el medio: escritorios,
sillas, conexión a internet, impresoras, fotocopiadoras, salas de reuniones e insumos, entre otras. 
Esto los alivia de la necesidad de tener que atarse a contratos de alquiler de oficinas privadas y los
gastos consiguientes: luz, agua, teléfono, internet, seguridad e impuestos varios. 
En un coworking uno sencillamente llega, hace lo suyo, y se va, desentendiéndose por completo de
todo lo mencionado en el párrafo anterior, lo cual ahorra no solo dinero sino también espacio mental
para enfocarse en lo importante: hacer crecer el negocio personal. 
A todo eso podríamos llamar el producto hard del coworking. Y es muy bueno. Pero lo mejor está en
el producto soft.
Comunidades de trabajo 
Mismo techo. Mucha gente. Misma Sintonía. 
Posibilidades infinitas. 
Sí, lo mejor del coworking está en la gente. En esos espacios circula una energía emprendedora que
hace que todos, aún con objetivos profesionales diferentes, tiren hacia el mismo lado: el de la
autosuperación, el de la responsabilidad, el de la colaboración. Y esta última palabra es clave en el
día a día de un coworking. 
El espíritu de trabajo colaborativo genera lazos profesionales que se traducen en nuevas
oportunidades de crecimiento para todos. Un programador recurriendo a un diseñador gráfico que
trabaja a su lado para resolver la necesidad de un cliente; un diseñador gráfico recomendando a un
fotógrafo con el que charló en la cocina durante un break; un fotógrafo aplicando en sus redes sociales
los consejos que le dio un publicitario con el que comparte escritorio. 
Esa colaboración, ese networking, es la esencia del espíritu coworking.

¿Existe eso en Resistencia? 
El primer espacio de coworking de nuestra ciudad se inauguró a principios de 2018.
La Turbina Coworking (www.laturbina.com.ar) está ubicada en Catamarca 699, una de las zonas más
tranquilas y mejor posicionadas de Resistencia. 
Ofrece puestos de trabajo abiertos y oficinas privadas para equipos de trabajo que así lo requieran.
Está respaldada por importantes referentes del entorno emprendedor local, funcionando también allí
la Aceleradora de Startups Incutex NEA, lo cual le da un plus especial al lugar y de la cual estaremos
contándoles más en la próxima nota. 


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